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Una apicultura a la inversa

Desde nuestros inicios como apicultores hace ya varios años y como institución, nos hemos alejado de los principios que rigen la apicultura moderna (convencional). La definición general de la palabra “apicultura” demuestra cómo la humanidad ve al mundo natural como algo que puede ser manipulado, explotado y criado a su antojo. La definición general dice: “la apicultura es la actividad dedicada a la crianza de las abejas y a prestarles los cuidados necesarios con el objetivo de obtener y consumir los productos que son capaces de elaborar y recolectar.”

Polen apícola. Fotografía de Internet.


Cuando observamos o conversamos con muchos apicultores en Guatemala y en otras partes del mundo, nos damos que el principal objetivo es precisamente la obtención de productos de la colmena, sean estos miel, polen, cera, etc. Es decir, el fin último de la apicultura no es reconectarnos con el complejo pero maravilloso mundo natural, sino la obtención de ingresos por parte de aquellos que dicen amar a sus abejas.


Con esto no queremos decir que estamos en contra de la obtención de ingresos o que satanizamos la importante actividad apícola que brinda sustento e ingresos a miles de apicultores en las áreas rurales del mundo. Sino más bien, estamos en contra de que la finalidad de la apicultura sea únicamente el dinero y la productividad por encima del propio bienestar de las abejas y otros polinizadores.


En otro artículo les compartiremos más detalles sobre nuestra filosofía de trabajo, basado en los principios de la apicultura biodinámica. Hoy, deseamos expresar por qué consideramos que esta “apicultura a la inversa” que practicamos es parte de la solución al problema de declive generalizado de abejas.

Apicultura biodinámica en el santuario de abejas Bee Mountain.


Sin ir muy lejos, los apicultores convencionales (que son la mayoría), les han arrebatado a las abejas gran parte de su esencia, evolución y sabiduría, llegándolas a “esclavizar” para que produzcan más. Año tras año en varias partes del mundo, las abejas recorren miles y miles de kilómetros para polinizar monocultivos. Muchas veces esto sucede cuando las abejas están preparándose para hibernar, causándoles un estrés innecesario y egoísta.


Con la creciente población mundial y con menos abejas nativas en los ecosistemas, cada vez se hace más necesario importar o trasladar cientos sino miles de colmenas de abejas de miel para polinizar almendros, aguacate, melón, etc. El problema es que los monocultivos, al ser desiertos verdes con poca biodiversidad y controladores biológicos, requieren de una alta dosis de pesticidas, fungicidas y herbicidas. Las abejas pagan el precio cuando visitan sus flores. Además, muchos apicultores han decidido ahorrarle el trabajo a las abejas utilizando cera estampada con hexágonos dibujados previamente que generalmente está contaminada químicamente. Con esta práctica les hemos quitado su instinto de producción de cera, tan elemental para su salud. También hemos decidido matar a su reina elegida naturalmente por ellas mismas para introducir anualmente una criada de forma artificial con los genes deseados, debilitando su sistema inmunológico. Hemos decidido aumentar el turismo apícola (apiturismo) de manera frecuente, sin considerar los días adecuados para ello con tal de aumentar las ganancias. Y por si fuera poco, hemos decidido poner toda su miel y polen a la venta, dejándolas desnutridas, con hambre o bien alimentándolas con jarabe de azúcar refinada.

Cría artificial de reinas.


Existen formas éticas y responsables de practicar la apicultura o el arte de cuidar abejas. Podemos convertir nuestros apiarios en santuarios biodiversos. Podemos pedirles permiso para tomar solamente el excedente de miel que producen, siendo ésta nuestra conexión con el entorno natural y una verdadera medicina, asegurándonos de que se alimentarán únicamente con su propia miel. Podemos dejarlas producir su cera, respetando su ciclo de crecimiento. Podemos dejarlas ser, cuidando la biodiversidad de abejas y plantas nativas que contienen los aminoácidos esenciales para su sano desarrollo. Podemos y debemos darles de nuevo todo aquello que les hemos arrebatado practicando una apicultura biodinámica o "a la inversa".

Apiturismo sostenible y ético en el santuario de abejas Bee Mountain.

 
 
 

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